El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió suspender durante dos semanas los ataques contra Irán tras haber lanzado previamente un ultimátum exigiendo la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. La advertencia incluía posibles bombardeos sobre infraestructuras clave si Teherán no accedía a permitir el tránsito marítimo.
La decisión se produce después de contactos diplomáticos con Pakistán, cuyos dirigentes solicitaron frenar una ofensiva inminente. Como resultado, ambas partes han aceptado un alto el fuego temporal, condicionado a avances en la apertura segura de esta ruta marítima por la que transita una parte esencial del petróleo mundial.
El mandatario estadounidense defendió que la suspensión de los ataques responde a que ya se han alcanzado los principales objetivos militares y a que existe un escenario favorable para negociar. En este contexto, aseguró que se está cerca de cerrar un acuerdo más amplio que permita una paz a largo plazo en Oriente Medio.
Por su parte, Irán ha planteado una propuesta basada en diez puntos que incluye el cese de hostilidades, garantías de paso por el estrecho y el levantamiento de sanciones. No obstante, las autoridades iraníes han advertido que este acuerdo no implica el fin definitivo del conflicto, sino una pausa condicionada al avance de las negociaciones.
En paralelo, el Gobierno de Israel ha aceptado el alto el fuego con condiciones, aunque ha dejado fuera de este compromiso el frente en Líbano. Además, se han registrado nuevos ataques en la región tras el anuncio, lo que refleja la fragilidad del acuerdo alcanzado.
El impacto del anuncio ha sido inmediato en los mercados internacionales. El precio del petróleo ha caído con fuerza por debajo de los 100 dólares por barril, mientras que las principales bolsas asiáticas han registrado subidas significativas, reflejando la expectativa de estabilidad en una de las zonas clave para el suministro energético global.