España vive una de sus semanas más trágicas en materia ferroviaria. Entre el 18 y el 23 de enero, se han registrado cuatro accidentes de tren en distintos puntos del país que han dejado un saldo de más de medio centenar de víctimas mortales y decenas de heridos. Las causas varían entre roturas de vía, desprendimientos, choques e impactos meteorológicos, pero el resultado común ha sido una oleada de conmoción y críticas a la gestión de las infraestructuras.
El accidente más grave tuvo lugar el domingo 18 de enero en Adamuz (Córdoba), donde un tren Iryo descarriló al fracturarse la vía y fue posteriormente embestido por un Alvia Madrid-Huelva. El siniestro se saldó con 45 fallecidos y 29 hospitalizados, entre ellos tres menores. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) apuntó que la vía estaba rota antes del paso del tren, mientras que la Junta de Andalucía desactivó el plan de emergencias tras entregar los cuerpos identificados a las familias. Los bomberos cordobeses describieron la intervención como “la más dura de sus vidas”, y el Gobierno ha prometido “transparencia y responsabilidades” en la investigación.
Tan solo dos días después, el martes 20 de enero, la borrasca Harry provocó el descarrilamiento de dos trenes de Rodalies en Cataluña. El primero, en la línea R4 entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), se estrelló contra un muro caído sobre las vías, dejando un maquinista muerto y 36 heridos, cinco de ellos graves. El segundo, en la provincia de Girona, perdió un eje tras impactar con una roca desprendida por las lluvias. El temporal complicó las labores de rescate, que movilizaron a más de 70 efectivos de bomberos y a los Mossos d’Esquadra, mientras el Govern catalán mantenía suspendido el servicio ferroviario “hasta nuevo aviso”.
El jueves 22 de enero, un nuevo susto en el norte: un tren de cercanías en Asturias chocó contra un desprendimiento de hormigón en el túnel del Padrún, entre Ablaña y Olloniego, a unos 20 kilómetros de Oviedo. Aunque no hubo heridos, el convoy sufrió daños en la carrocería y el maquinista denunció que “llevaban meses avisando del mal estado del túnel”. Adif activó un plan alternativo por carretera mientras se inspecciona el resto de la infraestructura.
Ese mismo día, en el sureste del país, otro tren de vía estrecha (Feve) de la línea Cartagena–Los Nietos colisionó con una grúa en Alumbres (Murcia), dejando seis heridos leves. El accidente obligó a cortar la línea durante una hora y ha reavivado las quejas vecinales sobre la falta de señalización en ese tramo.
Por último, el viernes 23 de enero, un tren Badajoz–Alcázar de San Juan sufrió un impacto con postes caídos cerca de Cabeza del Buey, lo que provocó la rotura de la luna del convoy, aunque sin víctimas. Las fuertes rachas de viento y lluvia volvieron a ser la causa principal, y Renfe tuvo que establecer transporte alternativo.
La concatenación de estos accidentes en menos de una semana ha generado una tormenta política. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aseguró que el Ejecutivo “asume todas las responsabilidades”, mientras que la oposición, encabezada por Alberto Núñez Feijóo, exige explicaciones urgentes sobre el “estado de las vías, reflejo del estado de la nación”. Los sindicatos ferroviarios y asociaciones de usuarios reclaman una auditoría independiente y un plan de refuerzo inmediato de seguridad.
La misa funeral por las víctimas de Adamuz se celebrará el próximo 29 de enero en la Catedral de Córdoba, mientras el país entero sigue preguntándose cómo una semana de tragedias ha puesto en jaque a su sistema ferroviario.