Arte contemporáneo

Juan Sierra: “La luz puede dejar de ser algo que vemos para convertirse en algo que experimentamos”

El artista explora los límites entre color, espacio y percepción con una obra que se transforma según la mirada y el tiempo

Juan Sierra durante una de sus investigaciones artísticas centradas en la luz y la percepción.
photo_camera Juan Sierra durante una de sus investigaciones artísticas centradas en la luz y la percepción.

El artista visual Juan Sierra lleva años desarrollando una investigación artística donde la luz deja de ser un simple recurso estético para convertirse en el núcleo absoluto de la experiencia. Su trabajo, centrado en la percepción, la fragmentación y la relación entre espacio y espectador, ha evolucionado hacia una depuración extrema de la imagen, eliminando elementos hasta quedarse únicamente con lo esencial: aquello que activa la mirada.

Desde su estudio y a través de proyectos concebidos específicamente para cada espacio, Sierra construye instalaciones donde el color pierde fuerza de forma progresiva hasta casi desaparecer. En ese proceso, según explica, es donde realmente comienza la experiencia perceptiva. “No me interesa representar algo, sino trabajar con cómo se percibe”, resume el artista.

Lejos de la figuración tradicional, su obra investiga constantemente la tensión entre lo material y lo inmaterial. Trabaja con pigmentos, soportes, cartulinas y superficies, aunque siempre buscando que la pieza trascienda su condición física y se convierta en una experiencia espacial. “La obra deja de funcionar como objeto y empieza a comportarse como un espacio perceptivo”, señala.

Uno de los aspectos más reconocibles de su trabajo es el uso del color como materia cambiante. Sierra insiste en que el color no es el objetivo final, sino una herramienta para provocar una transformación visual y emocional en quien contempla la pieza. “Me interesa especialmente cuando empieza a disolverse, cuando parece desaparecer. Ahí la percepción del espectador se vuelve mucho más activa”, explica.

Esa búsqueda se traslada también a la forma en la que construye sus obras. El artista trabaja mediante series y fragmentaciones, creando sistemas compuestos por múltiples piezas con pequeñas variaciones entre sí. Esas diferencias generan, según describe, una “vibración perceptiva” que impide una lectura fija y obliga al espectador a completar constantemente la obra desde su propia experiencia.

En sus proyectos recientes, la relación con el espacio se ha convertido en una parte esencial del proceso creativo. Cada instalación se adapta al lugar donde será mostrada, utilizando la luz natural, las sombras y la disposición física de las piezas como elementos fundamentales. Actualmente desarrolla una investigación centrada en la transición del azul al blanco, una propuesta que próximamente presentará en Sevilla y donde la imagen se disuelve progresivamente hasta convertirse casi únicamente en luz.

Además de sus investigaciones más abstractas, Sierra también ha llevado su lenguaje artístico a proyectos vinculados con la tradición local. Uno de los más destacados es el cartel creado para una feria taurina de su tierra, donde decidió alejarse completamente de cualquier representación literal. En lugar de escenas figurativas, el artista optó por construir una atmósfera basada en círculos, tensiones cromáticas y movimientos inspirados en la energía del ruedo.

“El objetivo no era representar la tauromaquia directamente, sino dialogar con ella desde lo esencial: la tensión, el color, la espera y el movimiento”, afirma. La propuesta incluye además una intervención espacial dentro de la plaza, concebida como una instalación efímera que irá transformándose con la luz a lo largo del día y cuyos fragmentos podrán ser retirados por el propio público al finalizar el festejo.

Para Sierra, esa participación del espectador es indispensable. “La obra no está cerrada sin su presencia”, sostiene. Su trabajo, insiste, solo adquiere sentido completo cuando el visitante deja de limitarse a observar y comienza realmente a percibir. Es ahí, en esa relación entre tiempo, espacio, luz y mirada, donde ocurre todo.

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