Dos nuevas vidas que se quedan en el interior de Botafuegos, en Algeciras. En este caso, el motivo vuelve a ser el consumo de una droga sintética que está ganando terreno dentro de las cárceles: papeles impregnados con sustancias tóxicas, desde fentanilo hasta productos como rociadores de neumáticos. Estas sustancias, mezcladas con tabaco, se inhalan tras ser fumadas y entran en prisión mediante paquetería, comunicaciones familiares o incluso cartas ordinarias, un sistema prácticamente imposible de controlar sin medios tecnológicos adecuados.
El primer interno fallecido fue C.S.D., con un largo historial penal. Tras ser trasladado a la enfermería por los síntomas que presentaba, sufrió un colapso repentino. El equipo médico no pudo hacer nada por salvarle la vida. Ese mismo día, otros tres reclusos del mismo módulo fueron atendidos por síntomas similares, lo que apuntala la hipótesis del consumo colectivo de la misma sustancia.
El segundo caso se produjo durante el recuento matinal. Un funcionario detectó que uno de los internos, de 32 años y también con antecedentes, no respondía. El médico de guardia solo pudo certificar el fallecimiento. Según relató su compañero de celda, habían fumado papel contaminado con el tóxico y consumido fármacos no prescritos por el centro.
El sindicato de prisiones ACAIP ya denunció esta situación hace casi dos años, señalando directamente a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (SGIIPP) por su falta de reacción e inversión en medios de detección y control. Según ACAIP, la administración penitenciaria ha ignorado el problema, mientras el número de muertos crece.
Desde la sección sindical en Botafuegos, recuerdan que la legislación penitenciaria obliga a la SGIIPP a proteger la vida, salud e integridad física de los internos. Señalan al actual secretario general, Ángel Luis Ortiz, como responsable de años de inacción y pasividad frente a una crisis cada vez más visible.
Finalmente, ACAIP lanza un mensaje claro a la Junta de Andalucía, diputaciones y demás administraciones implicadas: si no se toman medidas urgentes para abordar la salud mental, las toxicomanías y los recursos penitenciarios, la pregunta dejará de ser si habrá más víctimas, y pasará a ser: ¿quién será el siguiente?