¿Ha servido de algo la huelga de 137 días en la planta de Acerinox de Palmones? Es la pregunta que puede hacerse cualquier campogibraltareño que desde el 5 de febrero y hasta el 21 de junio estuvo pendiente del futuro de miles de familias de la comarca que dependía de la negociación del convenio colectivo de 1.800 empleados directos de la fábrica barreña. La respuesta que nos dan es que sí, se lograron avances importantes, como mejoras salariales y la oposición a la flexibilidad horaria propuesta por la empresa, que consideraban perjudicial para la conciliación familiar.
Sin embargo, cinco meses y medio después de volver al tajo, el sindicato mayoritario, ATA, con su portavoz, José Antonio Gómez Valencia, a la cabeza, sigue denunciando que hay situaciones que se repiten, que los ERTEs los utiliza la compañía como artimaña para tener en vilo a la plantilla, jugar con sus vacaciones y que, lejos de lograr la paz social absoluta, hay varios frentes abiertos que tienen difícil solución a tenor de la postura adoptada por sus dirigentes que, en el caso de la aplicación de los propios ERTEs, tiene el beneplácito de la propia Junta de Andalucía.
Pero, ¿cómo es el día a día? porque cabe recordar que la huelga generó tensiones adicionales, como denuncias por supuestos sabotajes y enfrentamientos entre la dirección de la empresa y el comité de huelga, también entre los propios sindicatos y compañeros que, a día de hoy, cuentan con la satisfacción de estar ya haciendo lo que querían, que era trabajar, pero no en la situación en la que se encontraban justo antes de iniciarse este conflicto laboral que ha dejado heridas en la siderúrgica palmoneña, pero también en todo el Campo de Gibraltar.