Emprender en España

Ser autónomo no debería ser un acto de resistencia

Emprender en España sigue siendo, para muchos, una prueba diaria de equilibrio económico, emocional y personal. Una realidad que se ha vuelto a poner sobre la mesa con crudeza y honestidad

Este artículo, se apoya en la información y la experiencia compartida por nuestros colaboradores de SMARTLOU, extraída de un vídeo colaborativo que refleja de primera mano las dificultades que aquí se exponen.

Ser autónomo en este país es, como bien se ha dicho recientemente, como ir en bicicleta sin dejar de pedalear nunca. No hay descanso, no hay margen para la distracción y, sobre todo, no hay red. Cualquier frenazo inesperado puede acabar en caída. Así lo reflejaba, con palabras sencillas pero certeras, la propietaria de un establecimiento de Granier en Zaragoza en un vídeo que se hizo viral en redes sociales y que ha servido para verbalizar lo que miles de autónomos sienten cada día.

El calendario del autónomo no entiende de treguas. Impuestos trimestrales, cotizaciones mensuales, nóminas, proveedores, alquileres, suministros y una larga lista de pagos que llegan con puntualidad suiza, independientemente de si el negocio ha tenido un buen mes o no. Ese “corsé” financiero del que se habla no es una exageración: es la sensación permanente de asfixia con la que conviven quienes sostienen buena parte del tejido productivo.

Conviene subrayarlo con claridad: los derechos de los trabajadores no están en cuestión. Al contrario. Un empleo digno, con garantías y salarios justos, es irrenunciable en cualquier sociedad avanzada. Pero defender esos derechos no debería implicar ignorar la fragilidad estructural de quien crea el puesto de trabajo. Empresarios y autónomos no son adversarios del sistema; son una pieza esencial del mismo.

En este contexto, resulta especialmente relevante el papel que pueden jugar organizaciones como la Asociación de Jóvenes Empresarios de Cádiz, que miran al futuro con una visión más amplia: la del campo digital, la salud mental del emprendedor y la conciliación familiar y social. Emprender no debería equivaler a renunciar a la vida personal.

Porque la realidad es que muchos autónomos se caen, se levantan y vuelven a caer. Esa resiliencia, tan celebrada en los discursos, tiene un coste humano que rara vez se cuantifica: ansiedad, agotamiento e inseguridad permanente. ¿De verdad es razonable que la creación de actividad económica vaya siempre acompañada de este nivel de presión?

Por eso, el mensaje final no puede ser otro que una llamada a la responsabilidad institucional. Gobiernos, administraciones autonómicas y locales deben mirar con más atención al colectivo autónomo. Cuidar al autónomo es cuidar a familias enteras y, por extensión, a la economía del país. No se trata de privilegios, sino de equilibrio y sentido común.

Ser autónomo no debería ser un acto de resistencia heroica, sino una opción viable, digna y sostenible. Mientras eso no cambie, seguiremos pedaleando sin descanso, esperando que algún día el camino deje de estar siempre cuesta arriba.

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