La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un insecto que aparece cada año en pinares y zonas verdes con pinos. Su presencia es habitual en el sur de Europa y está considerada como uno de los principales insectos defoliadores de los pinares en España, especialmente en áreas con grandes masas forestales.
En el entorno del Campo de Gibraltar, su presencia es conocida desde hace años en diferentes espacios naturales y zonas recreativas con abundancia de pinos, donde cada temporada se registran colonias en distintas fases de su desarrollo.
Avistamientos recientes en Gibraltar
En los últimos días, algunos ciudadanos han alertado de la presencia de orugas procesionarias en Gibraltar, concretamente en la zona de Waterport Road, donde se han observado ejemplares desplazándose por el suelo en la característica formación en fila.
Este comportamiento es habitual al final del invierno, cuando las orugas abandonan los árboles para buscar un lugar adecuado donde enterrarse y continuar su transformación hasta convertirse en mariposas.
Durante este periodo es cuando se hacen más visibles y también cuando aumenta el riesgo de contacto con personas o mascotas, ya que las procesiones suelen atravesar caminos, parques o zonas transitadas.
Ciclo de vida de la procesionaria
El ciclo biológico de la procesionaria comienza en verano, cuando las mariposas adultas se aparean y las hembras depositan entre 100 y 300 huevos en las copas de los pinos.
Las larvas nacen generalmente entre septiembre y octubre y comienzan a alimentarse de las acículas del árbol. Durante el invierno forman los conocidos bolsones de seda blanca que pueden observarse en las ramas, donde se refugian del frío y desde los que salen por la noche para alimentarse.
Entre febrero y abril, en la última fase larvaria, descienden al suelo en grupo formando las conocidas procesiones, un comportamiento que da nombre popular a esta especie.
Riesgos para personas y mascotas
Uno de los aspectos más preocupantes de esta especie es la presencia de miles de pelos urticantes que cubren el cuerpo de las orugas. Estos filamentos contienen una toxina que puede provocar irritaciones cutáneas, problemas oculares o molestias respiratorias en los seres humanos.
El riesgo es especialmente elevado para perros y otros animales domésticos. El contacto o ingestión de las orugas puede causar inflamación en la lengua, hipersalivación, vómitos o incluso necrosis en los casos más graves, por lo que los veterinarios recomiendan acudir con rapidez a consulta ante cualquier sospecha.
Por este motivo, las autoridades y especialistas aconsejan evitar el contacto directo con las orugas y no aproximarse a las procesiones, especialmente en zonas donde hay presencia de pinares.
Presencia habitual en el Campo de Gibraltar
En el Campo de Gibraltar, uno de los lugares donde tradicionalmente se detectan colonias de procesionaria es el Pinar del Rey, en San Roque, un espacio natural con una amplia masa de pinos que cada año registra episodios de presencia de esta especie.
Por el momento no hay información confirmada sobre si las orugas ya han aparecido esta temporada en este enclave, aunque los expertos señalan que, por el momento del ciclo biológico en el que se encuentran, es probable que comiencen a observarse en las próximas semanas.
Ante la presencia de procesionarias, los especialistas recomiendan extremar la precaución al pasear por zonas con pinos, especialmente con mascotas y niños, y avisar a las autoridades locales si se detectan colonias en parques o áreas recreativas.
Qué hacer si encuentras una oruga procesionaria
Los especialistas recomiendan no tocar ni manipular las orugas, ya que incluso sin contacto directo los pelos urticantes pueden desprenderse y causar irritación.
Si se observa una procesión de orugas, lo más aconsejable es mantener la distancia, evitar el paso por la zona y mantener a los perros atados para impedir que se acerquen o las ingieran.
En caso de contacto con la piel, se recomienda lavar la zona afectada con agua abundante sin frotar, retirar la ropa que haya estado expuesta y acudir a un centro sanitario si aparecen síntomas como inflamación, picor intenso o dificultad para respirar.
Si la exposición afecta a una mascota, los veterinarios aconsejan acudir con urgencia a una clínica, ya que la atención temprana puede evitar complicaciones graves.