El estrecho de Gibraltar se ha convertido en uno de los puntos más afectados por la proliferación de medusas durante el verano, una tendencia que se repite en las costas andaluzas y baleares. Esta expansión de organismos urticantes como la clavel de mar (Pelagia noctiluca) responde, según los expertos, a desequilibrios en el ecosistema marino provocados por el aumento de la temperatura del agua y la disminución de depredadores naturales como la tortuga boba y el atún rojo.
Así lo detalla Ricardo Aguilar, director de expediciones de la ONG Oceana, quien también advierte sobre la creciente aparición de la carabela portuguesa (Physalia physalis), una especie que, aunque se asemeja a una medusa, es en realidad un hidrozoo colonial de elevada peligrosidad. Sus tentáculos, que pueden extenderse hasta diez metros, siguen siendo tóxicos incluso horas después de que el animal quede varado en la arena.
Las picaduras, o más bien el contacto con estas estructuras urticantes, pueden generar reacciones similares a las de una abeja, aunque en casos graves —especialmente en personas alérgicas o con patologías previas— pueden suponer un riesgo vital.
También han aumentado otras especies menos peligrosas, como la medusa huevo frito (Cotylorhiza tuberculata), la medusa común (Aurelia aurita) y la aguamar (Rhizostoma pulmo), que no poseen capacidad para perforar la piel ni provocar efectos graves, más allá de molestias leves.
Aguilar apunta a factores como las corrientes marinas, los vientos, la contaminación de los océanos (incluyendo fertilizantes) y la sobrepesca como causas que favorecen la propagación de estas especies. En zonas como el Estrecho, situado en pleno corredor biológico, las condiciones son especialmente propicias para su acumulación.
En caso de picadura, Oceana recomienda limpiar la zona con agua de mar, evitar el uso de remedios caseros, retirar con cuidado los posibles restos de tentáculos y aplicar frío local para reducir la inflamación. Ante cualquier síntoma grave, como dolor intenso, náuseas o dificultad respiratoria, es imprescindible acudir al personal sanitario.
Ante esta situación, han cobrado relevancia herramientas como MedusApp, una aplicación de ciencia ciudadana que permite a los usuarios notificar avistamientos y picaduras, contribuyendo así a monitorizar su evolución en las costas españolas.