El dolor por el asesinato de Diego Valencia se mantendrá para siempre entre familiares, amigos y paisanos. Al margen de ser una persona entrañable y muy querida por todos los que lo conocieron, la crueldad de lo acontecido en aquella tarde-noche fría de invierno en pleno centro de Algeciras, aún a día de hoy encoge el corazón a todos.
Esa imagen de Yassine Kanjaa haciendo aspavientos con ese machete de grandes dimensiones aún lleno de sangre tras acabar con la vida del sacristán de la Plaza Alta, difícilmente se borrará de nuestras mentes.
Se cumplen dos años del crimen cometido por el joven marroquí, que - ese es otro tema del que no sabemos quién se hará responsable, si es que algún político lo asumirá - tenía que llevar entonces seis meses fuera de nuestro país por su situación burocrática irregular. Admitió los hechos, pero su caso, 24 meses más tarde, todavía sigue dando vueltas entre despachos de la Audiencia Nacional sin conocerse con exactitud el tiempo que estará encarcelado.
Y esa es la pregunta que más se hace el ciudadano de a pie, el que no entiende de leyes ni artículos y sí de dolor y miedo: ¿cuántos años pasará entre rejas por acabar la vida de una manera tan injusta como cruel y sin ningún motivo?, ¿cuánto vale la vida de un inocente como Diego Valencia?
Hasta ahora, las últimas noticias que se conocen es que la Fiscalía solicita 50 años de cárcel, pero la condena efectiva podría ser de 40 por la normativa penal en casos de terrorismo. La Audiencia llevará a cabo el juicio de Kanjaa los días 6, 7 y 8 de octubre de este año.
Este caso, que conmocionó, no sólo a Algeciras sino a todo un país, ha sido calificado como un acto terrorista por la Fiscalía, que solicita una condena de 50 años de prisión: 25 años por asesinato terrorista, 15 por tentativa de asesinato terrorista y 10 años por lesiones con la misma tipificación, ya que, cabe recordar, sólo unos minutos antes intentó, con el mismo arma, acabar con la vida de Antonio Rodríguez, párroco de San Isidro, y algunas feligresas que le acompañaban.
Actualmente, Kanjaa se encuentra en prisión preventiva, prorrogada por dos años debido al riesgo de fuga y la gravedad de los delitos. Aunque la defensa ha alegado que el acusado padece un trastorno psicótico que podría reducir su responsabilidad penal, los informes periciales concluyen que, si bien sufre un cuadro de posible esquizofrenia, su capacidad para entender y controlar sus actos estaba "muy severamente afectada" en el momento de los hechos.
De cumplirse con lo estipulado en nuestra legislación, Yassien Kanjaa podría pasar varias décadas en prisión, pero ninguna condena servirá para paliar el dolor sufrido por su familia, ni el horror vivido en Algeciras aquella inolvidable y fatídica noche del 25 de enero de 2023.