Historia y anécdotas

Telegramas, toros y diplomáticos: las historias insólitas de la Conferencia de Algeciras

De la prohibición del tabaco al fiasco taurino, la cumbre internacional de 1906 dejó escenas tan sorprendentes como inolvidables en la ciudad

Hace 120 años, el nombre de Algeciras resonaba en todo el mundo. La ciudad, entonces de apenas 15.000 habitantes, se transformó durante tres meses en escenario de una cita diplomática sin precedentes: la Conferencia Internacional de 1906, convocada para resolver la crisis de Marruecos. Pero más allá de los acuerdos y los tratados, aquel encuentro estuvo lleno de curiosidades, anécdotas y choques culturales que todavía hoy despiertan sonrisas y asombro.

El Salón Rojo del Ayuntamiento, engalanado con banderas y cortinas de terciopelo, fue testigo de los debates entre los representantes de trece potencias mundiales. Allí se cruzaban lenguas y costumbres de medio planeta, para sorpresa de los vecinos, que observaban fascinados la llegada de coches de caballos y uniformes diplomáticos que jamás habían visto.

No todos los intentos de los anfitriones por agradar a los visitantes salieron bien. La excursión a la finca de La Almoraima, en Castellar, fue un éxito. No así la corrida de toros organizada en la plaza de La Perseverancia, ideada como muestra de la cultura española. Los diplomáticos extranjeros, horrorizados ante el espectáculo, abandonaron el palco antes de tiempo, salvo los enviados del sultán marroquí, que aguantaron hasta el final.

El alcalde Emilio Santacana, políglota y viajado, también tuvo que mediar en otro malentendido: los embajadores nórdicos exigieron prohibir el tabaco en el Salón Rojo. Los funcionarios municipales, incrédulos, retiraron los ceniceros y prepararon una sala especial para fumadores. Fue una de las primeras normas de protocolo internacional que vivió la ciudad.

Mientras tanto, el Hotel Reina Cristina, considerado el más lujoso de España, se convirtió en el epicentro social de la conferencia. Allí se hospedaron las delegaciones y se organizaron banquetes con menús de lujo y coplillas de carnaval dedicadas a los diplomáticos. Una de ellas, burlona, recordaba al embajador marroquí El Mokri y sus tres esposas:

“El Mokri, como hombre práctico, / se va con sus odaliscas / y encerrándose en su harén / se transporta a las delicias.”

En una galería del Ayuntamiento se instaló una batería de telégrafos, la tecnología punta del momento, para comunicar las decisiones a los gobiernos. Los telegrafistas locales, agotados, debían traducir mensajes en francés, inglés o sueco al código Morse, mientras los espías intentaban interceptar los cables para obtener información confidencial.

Durante aquellos meses, Algeciras fue el centro de la política, la prensa y la diplomacia mundial. Entre telegramas, fiestas y malentendidos, la ciudad vivió su momento más internacional, dejando tras de sí un legado histórico lleno de pequeñas historias que humanizan una gran cumbre.

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