El Algeciras salió a Pinilla con la lección aprendida y el mono de trabajo bien puesto. Ordenado, solidario y sin complejos, el equipo de casa controló durante muchos minutos a un CD Teruel con más balón que profundidad. Los albirrojos supieron cerrarse bien y elegir cuándo salir, dejando claro desde el inicio que no iban a regalar nada.
La primera mitad fue un ejercicio de disciplina táctica del conjunto campogibraltareño. La solidez defensiva, el buen posicionamiento y la concentración permitieron al Algeciras CF sostener un duelo equilibrado, con pocas ocasiones y mucho respeto entre ambos equipos. El plan funcionaba y el partido estaba donde quería el cuadro rojiblanco.
Pero tras el paso por vestuarios llegó el golpe que desniveló el encuentro. Un centro lateral encontró remate y Ayman Arguigue acertó a batir al meta algecirista, castigando en exceso un desajuste puntual. Un gol que dolió porque rompió un partido que estaba controlado y obligó a remar contracorriente.
Lejos de venirse abajo, el Algeciras reaccionó. Los cambios dieron aire al equipo y los de casa dieron un paso al frente, ganando metros y presencia en campo rival. Hubo intención, empuje y actitud, pero volvió a faltar ese último pase, ese remate o esa pizca de fortuna que marque la diferencia.
En los minutos finales, el Algeciras lo intentó más con el corazón que con la cabeza. La insistencia no encontró premio y el marcador ya no se movió. Otra derrota fuera que deja un poso de frustración, porque el equipo compite, responde y está en los partidos, pero sigue pagando caros los pequeños detalles.
El conjunto albirrojo regresa a casa con la sensación de haber hecho muchas cosas bien, aunque el fútbol vuelva a recordarle que en esta categoría cada error se castiga. Tocará levantarse, corregir y seguir creyendo, porque actitud y compromiso, al menos, no le faltan a este Algeciras.