Parece que toda la culpa del desaguisado actual que existe en la Real Balompédica Linense no la tenía Miguel Ribera, cesado el pasado martes como cabeza de turco de un nefasto arranque del equipo albinegro en la Segunda Federación. En su lugar ha llegado un técnico que ya como jugador expresaba su garra (además de sus muchas dotes goleadoras) sobre el campo, lo que ha ido transmitiendo a los equipos que ha ido entrenando, como el caso del Numancia o el Tarazona. Pero en su estreno sólo le duró media hora.
La Balona comenzó con buen pie el encuentro ante el UCAM, pero el golazo de Luque antes del descanso volvió a sacar todos los fantasmas del pasado y ahí se acabó la historia. Porque ya entonces había dado alguna muestra de debilidad, lo que terminó pagando con una nueva derrota.
En la segunda parte, inoperancia total y la rabia compartida con la afición de que no hay más cera que la que arde. No llegó a tirar entre los tres palos del portal defendido por un viejo conocido: Ackermann. Su compañero Segura fue el encargado de poner la puntilla en el 81, con el 0-2 que volvía a dejar sin palabras y resignada a una afición destrozada porque ve que el ridículo de la pasada temporada puede ser peor ésta.
El nuevo preparador asegura que se comprobaron algunas mejorías y que hay equipo para ser optimistas, aunque ya las miradas se centran en la plantilla, con la esperanza de que en el mercado invernal se pueda arreglar el caos que hay, aunque el problema es que quedan más de dos meses. Y mientras tanto, ¿qué?.