¿De qué tienen miedo?
Señor director:
La manifestación celebrada el pasado sábado contra la construcción de un polígono industrial en la Vega del Moral ha vuelto a situar en el centro del debate público un asunto que preocupa cada vez más en Los Barrios. Lo que empezó como una discusión urbanística y económica se ha convertido también en una cuestión de transparencia, protección medioambiental y confianza ciudadana.
En una situación de esta relevancia, resulta difícil entender que los grupos políticos no sean capaces de alcanzar un acuerdo para encargar un informe jurídico independiente. La proximidad de procesos electorales parece pesar más que la voluntad de aclarar, con rigor técnico, cuáles son las consecuencias reales de ejecutar o paralizar el proyecto.
Mientras tanto, el debate se llena de mensajes simplificados, datos incompletos y bulos. La complejidad jurídica y administrativa queda sustituida por consignas, y la legítima discrepancia política corre el riesgo de convertirse en polarización social, trasladando la tensión al tejido vecinal.
Ese es, precisamente, el mayor peligro: no solo qué se construye o qué se deja de construir, sino cómo se rompe la confianza en la toma de decisiones públicas. Los vecinos tienen derecho a conocer con claridad la situación legal de los terrenos, los posibles riesgos de responsabilidad patrimonial para el Ayuntamiento, las alternativas viables y el impacto real del proyecto en términos económicos, sociales y ambientales.
Un informe independiente debería analizar la adecuación del proyecto al marco urbanístico vigente, la situación administrativa de las fincas afectadas, el posible riesgo de prevaricación ante una paralización, los costes derivados de una eventual responsabilidad municipal, las opciones compatibles con el desarrollo económico y la protección del entorno, así como los litigios previsibles y sus posibilidades de prosperar.
Solo con esa información completa tendría sentido abrir un proceso de participación ciudadana real. Apelar a las movilizaciones forma parte de la democracia, pero antes debe garantizarse que la ciudadanía dispone de datos objetivos, no contaminados por intereses políticos ni económicos.
Persistir en la situación actual puede dar rédito electoral, pero difícilmente ayudará a resolver un asunto que afectará durante años al futuro del municipio. La falta de consenso alimenta la desinformación, la división, los enfrentamientos vecinales y la ya preocupante erosión de la confianza política.
Por eso la pregunta sigue siendo la misma: ¿de qué tienen miedo? ¿De perder votos? ¿De que la realidad no sea exactamente como se ha contado? Si se destinan importantes recursos públicos a actuaciones de carácter electoral, también debería poder invertirse en un análisis serio, independiente y transparente sobre una transformación que afecta al entorno de todos los barreños.
J.C.P.T.