La guerra en Irán sacude precios, bolsas y consumo mientras Mercadona avisa de posibles subidas

Vista del estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circula una parte clave del petróleo y el comercio energético mundial.
El conflicto tensiona el petróleo, amenaza con encarecer los alimentos y vuelve a poner el foco sobre el bolsillo de los hogares

La guerra en Irán ha abierto un nuevo escenario de incertidumbre económica con efectos directos sobre la energía, los mercados, la alimentación y el consumo diario. En ese contexto, el presidente de Mercadona, Juan Roig, ha admitido que la cadena trasladará a precios cualquier subida de las materias primas, al tiempo que diferentes análisis alertan de que el conflicto puede volver a presionar la cesta de la compra.

Mercadona vincula los precios al coste de origen

Roig ha reconocido que el escenario actual vuelve a estar marcado por la incertidumbre, como ya ocurrió con la pandemia, la guerra de Ucrania o la dana. Durante la presentación de resultados de la compañía, defendió que la evolución de los precios dependerá de lo que ocurra con los costes de origen y aseguró que la empresa no puede actuar al margen de esa realidad.

En esa misma comparecencia, Mercadona anunció un beneficio de 1.729 millones de euros en 2025, un 24,9% más que el año anterior, tras elevar sus ventas hasta los 41.900 millones. La empresa también incrementó su cuota de mercado hasta el 28,5%, reclamó un IVA cero para los alimentos en España y Portugal y destacó la creación de 5.000 empleos durante el último ejercicio.

El bolsillo de los hogares vuelve al centro de la preocupación

La preocupación no se limita a los supermercados. El temor de fondo es que la nueva crisis internacional vuelva a deteriorar la economía doméstica en un momento en el que muchas familias todavía no han recuperado capacidad de compra.

Los precios arrastran una subida acumulada de más del 18% respecto a 2021, mientras los salarios no han avanzado al mismo ritmo. Esa diferencia mantiene debilitado el consumo de muchos hogares, ahora pendientes de si el conflicto en Oriente Próximo provoca otra oleada inflacionaria.

El petróleo cae, pero la volatilidad sigue marcando el mercado

La jornada bursátil dejó este martes un cierto respiro. El IBEX 35 cerró con una subida del 3,05% y alcanzó los 17.445 puntos, apoyado en una caída del precio del crudo tras las expectativas de una posible desescalada.

El barril de Brent se situó en torno a los 87 dólares y el WTI en unos 83 dólares, mientras el gas europeo bajó hasta los 45,49 euros por megavatio hora. Aun así, el mercado sigue instalado en la volatilidad y el temor a nuevas interrupciones del suministro continúa muy presente.

Por qué la guerra puede acabar notándose en los alimentos

El conflicto no afecta solo al petróleo. También pone en riesgo el suministro de gas natural y de fertilizantes, dos elementos clave para la producción de alimentos. Buena parte de la agricultura moderna depende de estos insumos, tanto para cultivar como para procesar, transportar y comercializar productos.

Si aumentan esos costes, la presión termina recorriendo toda la cadena, desde el campo hasta el lineal del supermercado. Esa traslación no suele ser inmediata, pero sí progresiva, y ya ocurrió tras la crisis inflacionaria desencadenada entre 2021 y 2022.

Ormuz, un punto clave para energía y fertilizantes

Una de las mayores amenazas económicas del conflicto está en el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circula una parte esencial del comercio mundial de crudo. Pero no solo eso: por esa zona también transita una parte muy relevante del mercado global de fertilizantes.

Si el bloqueo o las tensiones en ese corredor se prolongan, el impacto puede extenderse mucho más allá de los carburantes. En los últimos días ya se ha disparado el precio de productos como la urea, mientras el gas natural también ha mostrado nuevas tensiones. El resultado potencial es claro: más costes de producción y mayor riesgo de encarecimiento alimentario en países importadores como España.

Rebote en las bolsas, pero sin despejar el riesgo

Las plazas europeas rebotaron con fuerza tras varios días de pérdidas. Milán, Fráncfort, Londres y París cerraron también en verde, mientras Asia recuperaba parte del terreno perdido. Sin embargo, la mejora bursátil no elimina el problema de fondo.

Los inversores reaccionan a cualquier señal de distensión, pero siguen pendientes de la evolución militar y de la posibilidad de que el conflicto afecte al tráfico energético. El oro continúa actuando como valor refugio y los analistas insisten en que una interrupción prolongada del suministro tendría consecuencias severas para la inflación y el crecimiento.