David Giménez, el joven que cruza la península ibérica a pie con 3.000 euros, un tatuaje y un carro llamado Charlie
"Mi familia no creyó en mí. Me dijeron que era imposible. Y aquí estoy, con 5.000 kilómetros recorridos y sin haber entrenado", cuenta con una sonrisa serena David Giménez, un joven de Salou que se ha echado a los caminos con una idea clara: recorrer la península ibérica entera a pie, sin ayuda profesional, sin equipo de apoyo, sin planificación física. Solo con fe, determinación y un carro al que llama Charlie, que arrastra cada día con todo lo necesario para sobrevivir.
Conocido en redes como @elretodedavid, su historia no es la de un influencer del deporte, sino la de un aventurero de carne y hueso. Un joven catalán que, tras solo dos rutas de entrenamiento (la más larga de 26 kilómetros), decidió lanzarse a recorrer el país a pie, etapa tras etapa, con jornadas que ahora superan fácilmente los 35 kilómetros diarios.
Su paso por el Campo de Gibraltar no ha pasado desapercibido. Fue en esta comarca donde Campo de Gibraltar 24 Horas se convirtió en el único medio que lo acompañó físicamente en parte del camino. Desde el Puerto de la Atunara, en La Línea, hasta Sotogrande, compartimos con él una etapa de su recorrido que no solo pone a prueba las piernas, sino también la mente y el alma.
Mientras caminamos, David habla sin filtros. Cuenta que ha estado enfermo, que ha tenido días duros, que ha dormido en condiciones extremas. Que ha pasado hambre, frío y miedo. “Pero lo que digo, lo cumplo”, afirma mientras se seca el sudor de la frente. Lleva tatuado en el brazo un mensaje que se ha convertido en su mantra: “Solo un pasito más”, unas palabras que lo empujan cuando las piernas fallan y la cabeza quiere rendirse.
No ha recibido entrenamiento profesional, ni ha gastado una fortuna para hacer lo que muchos consideran una locura. En siete meses de caminata, asegura que solo ha invertido entre 2.500 y 3.000 euros, admitiendo que le hubiera gustado gastar mucho menos si no hubiera inconvenientes en el camino. Su filosofía es clara: “Con pocos recursos se pueden lograr grandes cosas”.
A su lado, Charlie, el carro que arrastra desde el primer día, es más que un objeto: es compañero de ruta, hogar portátil y símbolo de autonomía. “Todo lo que necesito está ahí. Es mi casa, mi mochila, mi mundo”, nos dice.
Pese a la cercanía con sus seguidores en redes, confiesa que no le gustan las entrevistas. “No me siento cómodo hablando a cámara”, admite cuando apagamos los micrófonos. Quizás por eso sus confesiones más sinceras salen mientras camina, entre tramos de sendero, sol y conversación improvisada.
Tras dejar el Peñón atrás, David sigue hacia la provincia de Málaga, manteniendo el rumbo firme hacia el norte. Pero antes de partir, se lleva una certeza grabada en la memoria: el Campo de Gibraltar le ha dejado huella. “La gente se ha volcado conmigo, no puedo estar más agradecido. Son increíblemente acogedores”, reconoce emocionado. “Es uno de los lugares a los que volveré seguro, sin dudarlo. Aunque no sé si la próxima será andando”, bromea entre risas.
Se va con el recuerdo de paisajes, esfuerzo y calor humano. Y con una historia viva que sigue escribiéndose paso a paso, con cada kilómetro, cada conversación, y cada día de lucha contra sus propios límites.