Tarjeta verde: libre paso a Schengen, pero no a Reino Unido
El nuevo acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido sobre Gibraltar ha generado una situación curiosa una vez comience su aplicación: quienes poseen la tarjeta verde de residencia en Gibraltar podrán entrar en territorio Schengen como si de un ciudadano más de este espacio se tratase, sin someterse a los controles migratorios establecidos para individuos de terceros países.
No obstante, esta libertad no se extiende al Reino Unido, que mantiene su estricta normativa migratoria para los residentes del Peñón. Esto significa que los residentes en Gibraltar con tarjeta verde podrán acceder fácilmente al espacio Schengen, pero no disfrutarán del mismo trato para entrar en territorio británico.
El nuevo tratado entre la Unión Europea y Reino Unido sobre Gibraltar supone un alivio para miles de trabajadores transfronterizos y residentes del Peñón. La eliminación de la Verja y la ausencia de controles para acceder a Schengen por tierra facilitarán enormemente el tránsito diario con España y con el resto de Europa.
Sin embargo, mientras Europa abre sus puertas, Reino Unido las mantiene cerradas, incluso para muchos residentes en Gibraltar con documentación expedida en el Peñón.
Esto plantea una cuestión clave: si la libertad de movimiento permite a los residentes en Gibraltar titulares de tarjeta verde acceder sin obstáculos a España y, por consiguiente, al espacio Schengen, ¿por qué no se aplica el mismo principio en Reino Unido, principal precursor y firmante del acuerdo?
No son pocos los que interpretan esta situación como una redacción selectiva del tratado, donde se priorizan los aspectos que mejor encajan con la política migratoria británica actual, incluso si eso supone romper la simetría esperada en un acuerdo de este tipo.
Para Westminster es una partida ganada: siendo uno de los firmantes del acuerdo, deja fuera de estas facilidades a muchos residentes de Gibraltar, manteniendo el control sobre la migración y, al mismo tiempo, reforzando sus relaciones con Europa y con los habitantes de la colonia.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una cuestión recurrente en la relación entre Londres y Bruselas tras el Brexit, ya que los acuerdos conjuntos no parecen aplicarse siempre con el mismo espíritu recíproco. La incógnita ahora es si pequeñas grietas como esta podrían acabar erosionando la confianza entre ambas partes y dificultar la consolidación definitiva del nuevo acuerdo sobre Gibraltar.