¿Hacia dónde va Gibraltar? La lección que deja el caso de Mónaco
Con la firma del tratado prevista para el próximo 13 de julio, el Peñón abre sus puertas al entorno europeo, pero también empezará a cambiar su modelo de bajos impuestos para lograr acercarse al modelo de la Unión Europea.
El 13 de julio se firmará el tratado con un objetivo ambicioso y claro, eliminar las barreras físicas y permitir que los miles de trabajadores que cruzan la frontera a diario lo hagan sin complicaciones. Sin embargo, el precio de esta libertad de movimiento ya está definido y no deja lugar a dudas, la fiscalidad de Gibraltar deberá empezar a equipararse a los países europeos.
El camino hacia esta integración ya está trazado. El Acuerdo no solo elimina la Verja, sino que pone en marcha un plan progresivo para intentar equiparar la fiscalidad del Peñón a los impuestos europeos. El primer paso será la implantación de un impuesto indirecto equivalente al IVA, que comenzará en un 15%, cuya aplicación paulatina finalizaría en un 17%. A pesar de este incremento, seguirá existiendo una diferencia sustancial entre los impuestos españoles y los gibraltareños.
Este escenario recuerda inevitablemente a lo que vivió Mónaco con Francia. El Principado también construyó su fortuna basándose en impuestos muy bajos y una gran capacidad para atraer capital extranjero. Y aunque hoy Mónaco disfruta de una relación funcional con Francia, sin fronteras físicas y con una libre circulación de personas, esa comodidad fue el resultado de una larga batalla.
Francia nunca aceptó que a pocos kilómetros de su frontera existiera un modelo que incentivara la fuga de dinero. Desde los años 60, París presionó a Mónaco hasta que el Principado no tuvo más remedio que aceptar mayores niveles de transparencia y limitar sus beneficios fiscales. Mónaco mantuvo su nombre y su bandera, pero tuvo que renunciar a ser el oasis económico que fue en sus inicios.
En el caso de Gibraltar, el modelo de Mónaco sirve ahora como el espejo donde mirarse: demuestra que es posible estar integrado en el entorno europeo sin ser formalmente parte de la UE, pero también advierte que la apertura fronteriza es insostenible si no hay un equilibrio en los impuestos.
El 15 de julio, con la posible aplicación provisional del Tratado, Gibraltar no solo comienza un nuevo capítulo histórico. Ese día se confirmará una realidad que ya es inevitable, cuando un territorio pequeño depende de una relación fluida con un vecino mucho más grande, mantener reglas fiscales desequilibradas no es una opción. Gibraltar gana una frontera abierta, pero comienza la cuenta atrás para olvidar su pasado como paraíso fiscal.