Las antiguas captaciones de agua marcaron durante décadas el abastecimiento de Gibraltar
Las estructuras instaladas sobre la ladera oriental del Peñón llegaron a ocupar más de 140.000 metros cuadrados antes de quedar fuera de servicio en los años noventa
Las antiguas captaciones de agua de Gibraltar forman parte de una de las infraestructuras históricas más singulares del Peñón. Construidas sobre las laderas arenosas de la cara este, estas instalaciones fueron esenciales para garantizar el suministro de agua potable durante gran parte del siglo XX.
El sistema comenzó a desarrollarse en 1903 como solución a los problemas de escasez de agua en el territorio británico. Sobre la conocida Gran Duna de Gibraltar se instalaron amplias superficies de planchas galvanizadas y hormigón diseñadas para recoger el agua de lluvia y conducirla hasta depósitos situados en el lado occidental de la roca.
Con el paso de las décadas, la infraestructura fue creciendo hasta alcanzar unos 140.000 metros cuadrados de superficie. La expansión continuó hasta 1961, momento en el que el sistema alcanzó su máxima capacidad para responder al aumento de la demanda de agua de la población.
Las captaciones permanecieron operativas hasta la década de los noventa, cuando el abastecimiento pasó a depender principalmente de modernas plantas desalinizadoras. A pesar de ello, gran parte de las estructuras todavía permanecen visibles sobre la ladera oriental del Peñón.
La denominada Gran Duna de Gibraltar es una enorme formación fósil de arena que se extiende durante más de un kilómetro por la vertiente mediterránea de la roca. Los expertos consideran que se originó durante el Pleistoceno, cuando el nivel del mar era mucho más bajo que en la actualidad.
La formación alcanza cerca de 300 metros de altura y está compuesta por arena amarilla compactada mezclada con materiales desprendidos de la roca caliza superior. Su singularidad la convierte en uno de los espacios geológicos más relevantes del entorno del Campo de Gibraltar.
Además de su interés natural, la zona también posee relevancia arqueológica. Investigaciones científicas apuntan a que esta duna ya existía durante la presencia de neandertales en el entorno del Peñón y en 2019 se localizó en el área una huella humana con una antigüedad estimada de unos 29.000 años.