El Sud Express: glamour, espías y maletas rumbo al Estrecho
Durante décadas, el Campo de Gibraltar fue una auténtica puerta de entrada y salida de Europa gracias a un tren legendario: el Sud Express. Aunque su ruta principal unía París con Lisboa, sus conexiones hacia el sur de España hicieron que Algeciras se convirtiera en una parada estratégica para viajeros que iban y venían del norte de África.
A finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX, no era extraño ver en la estación de Algeciras a pasajeros con maletas procedentes de París, Burdeos o Madrid. Desde aquí embarcaban hacia Tánger, lo que dio a la comarca un papel clave en las comunicaciones internacionales.
Uno de los capítulos más intrigantes de esta historia llegó durante la Segunda Guerra Mundial. Mientras Europa estaba en guerra, el eje ferroviario que llegaba a Algeciras se convirtió en una vía discreta de paso para diplomáticos, espías y refugiados. La neutralidad de España hizo que muchos viajeros atravesaran el país camino de Portugal o el norte de África, y el Campo de Gibraltar fue testigo silencioso de ese ir y venir de personajes que parecían sacados de una novela.
El tren no era solo famoso por su ruta, sino por su lujo. Contaba con vagones-cama, comedor con mantelería de tela, cristalería y lámparas, algo impensable hoy en día. Para muchos, subir al Sud Express era casi como entrar en un hotel sobre raíles.
El tramo ferroviario entre Ronda y Algeciras era, además, uno de los más espectaculares de España, con túneles y puentes que dejaban asombrados a los viajeros extranjeros.
Hoy, aunque ya no llegan trenes internacionales de ese tipo, queda el recuerdo de una época en la que el Campo de Gibraltar estaba directamente conectado con el corazón de Europa. El Sud Express no sólo transportó pasajeros: trajo historias, misterio y un pedazo de mundo hasta nuestros andenes.