Tribuna, fronteras, futuro

Prosperidad compartida: ¿y la voz del Campo de Gibraltar?

Representación de la "prosperidad compartida" realizada con IA
Mientras la Unión Europea y Reino Unido negocian el futuro de Gibraltar, los vecinos de La Línea y la comarca siguen sin tener asiento ni palabra.
No se puede hablar de bienestar común sin incluir a quienes viven cada día las consecuencias reales del conflicto.

La llamada prosperidad compartida se ha convertido en la gran bandera de las negociaciones entre España, Reino Unido, la Unión Europea y Gibraltar. Una fórmula diplomática que pretende suavizar el impacto del Brexit con promesas de cooperación, inversión y futuro común. Pero hay una pregunta incómoda que nadie parece querer responder: ¿dónde queda la voz de los más directamente afectados, los ciudadanos del Campo de Gibraltar?

La comarca, y especialmente ciudades como La Línea de la Concepción, vive a diario la realidad de esa frontera que otros negocian desde despachos lejanos. Más de 15.000 trabajadores cruzan cada mañana la Verja, sustentando buena parte de la economía gibraltareña. Sin embargo, ni el Ayuntamiento, ni la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, ni las asociaciones ciudadanas han sido incluidas en las conversaciones.

Todo se está decidiendo entre altos cargos diplomáticos, mientras en el territorio se sigue sufriendo el paro estructural, la precariedad y la falta de alternativas. La "prosperidad" no puede ser solo un eslogan bonito si no se traduce en medidas concretas para quienes han sido históricamente olvidados por las grandes políticas.

Desde Algeciras hasta San Roque, pasando por La Línea, la sensación es la misma: la comarca aporta mucho, pero decide poco. Y si el futuro acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido define aspectos como el paso por la frontera, los derechos laborales o el control fiscal, entonces los campogibraltareños deberían tener derecho a opinar, exigir y participar.

Hablar de “prosperidad compartida” sin incluir a quienes comparten el territorio es una contradicción. Es necesario un modelo participativo, con presencia activa de los ayuntamientos, asociaciones y ciudadanía en la toma de decisiones. Porque lo que está en juego no es solo el futuro de Gibraltar, sino el de una comarca entera.

La verdadera cooperación transfronteriza no se construye desde arriba, sino desde lo local. Si de verdad se quiere cerrar una etapa de conflicto y abrir una de oportunidades, la voz del Campo de Gibraltar no puede seguir silenciada. Prosperidad sí, pero también justicia, inclusión y representación.