El "oro marrón" que invade el Estrecho: una amenaza que podría ser una solución
Antonio Vegara, docente de Tarifa, ha convertido el problema en oportunidad, liderando proyectos pioneros de aprovechamiento sostenible, aunque encontrándose con el "no" del Gobierno
El fenómeno de la alga invasora Rugulopteryx okamurae, originaria del Pacífico noroccidental, se ha convertido en uno de los mayores desastres ecológicos del estrecho de Gibraltar. Lejos de ser solo un problema estético en las playas, esta especie exótica está alterando profundamente los ecosistemas marinos de este área, aunque sus efectos se extienden a otras zonas de la península ibérica, desplazando a las especies autóctonas y afectando gravemente al sector pesquero.
En 2009, Antonio Vegara, maestro de la Sección de Educación Permanente de Tarifa, destinado en la aldea costera de Bolonia, inició una propuesta educativa singular. Sin ser biólogo ni investigador, comenzó a trabajar con un grupo de alumnas y bajo el paraguas de la educación para adultos promovida por la Junta de Andalucía, para explorar usos alternativos a las algas que llegaban a la costa. De ahí surgieron proyectos de cosmética artesanal, como jabones y bálsamos, que demostraron tener propiedades útiles y, sobre todo, comerciales.
El empeño de Vegara y su equipo fue más allá. En colaboración con universidades como la de Sevilla, Málaga y la UCA, avanzaron en el estudio del alga, detectando su potencial en sectores tan diversos como la fertilización agrícola, la biotecnología y el calzado ecológico. Incluso empresas como Mango llegaron a interesarse por el uso de este recurso en sus productos, aunque el proyecto fue frenado por la falta de autorización gubernamental para comercializar una especie invasora.
Mientras tanto, Tarifa, donde se recogen más de 11.000 toneladas anuales, acumula montañas de biomasa. Se estima que entre Tarifa y Algeciras puede haber hasta 80.000 toneladas sin tratar, lo que agrava el problema ecológico y afecta al turismo y a los deportes náuticos. El alga arrasa los hábitats marinos y ha hecho desaparecer especies como el erizo de mar o el salmonete de roca. La pesca artesanal del Campo de Gibraltar ya ha perdido millones de euros por esta causa.
El grupo liderado por Vegara, bajo la asociación Algas del Estrecho, ha desarrollado también fertilizantes ecológicos con esta alga, probados con éxito en cultivos de aguacate y alcornoques en zonas como Castellar de la Frontera. Estas pruebas han demostrado mejoras en la retención hídrica y en la resistencia de los árboles frente a enfermedades.
Pero el verdadero obstáculo es la falta de voluntad política. Antonio Vegara y su red de colaboradoras exigen al Gobierno que permita la comercialización controlada de esta especie invasora como solución viable para financiar su recogida, mitigar su propagación y generar una economía circular local. “Comercialización ya”, reclama con firmeza. Una solución real está al alcance… solo falta querer verla, algo que, por lo pronto, el Ejecutivo nacional no ve, ya que, hace tan sólo unos días el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) ha denegado a la Seper de Tarifa la autorización para recolectar y comercializar esta especie para fabricar para la marca Mango la friolera cifra de cuatro millones de plantillas de zapatos, lo que supone un revés crucial para el colectivo y para el futuro del uso de este alga en la zona.