Las encuestas vuelven a fallar en Andalucía: del dominio del PP al terremoto de Vox en municipios como Algeciras
Los sondeos pronosticaban una mayoría absoluta cómoda para Juanma Moreno, pero el avance de Vox y el desplome socialista en plazas clave han dejado otra lección sobre los límites de la demoscopia
Las elecciones andaluzas de 2026 han vuelto a abrir el debate sobre la fiabilidad de las encuestas. Durante semanas, prácticamente todos los sondeos coincidieron en un escenario muy concreto: un PP rozando o superando la mayoría absoluta, un PSOE estancado y un crecimiento limitado de Vox. Sin embargo, el resultado final en numerosos municipios, especialmente en el Campo de Gibraltar, ha mostrado diferencias significativas respecto a las predicciones previas.
El caso de Algeciras se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos. Aunque las encuestas situaban a Vox en una subida moderada dentro del conjunto andaluz, el partido logró en la ciudad más de 11.500 votos y un 22,35% de respaldo, consolidándose como segunda fuerza política local por delante del PSOE. Los socialistas, por su parte, cayeron hasta el 17,19%, muy lejos de las expectativas que algunas encuestas aún les otorgaban durante la campaña.
La mayoría de estudios demoscópicos publicados antes del 17M daban al PP entre 54 y 58 escaños, con una horquilla muy estrecha que apuntaba a una revalidación cómoda del gobierno de Juanma Moreno. Incluso los sondeos a pie de urna difundidos al cierre de los colegios electorales seguían colocando a los populares por encima de los 55 diputados necesarios para la mayoría absoluta. Sin embargo, la movilización desigual entre provincias y el comportamiento electoral en determinadas ciudades alteraron parte de esas previsiones.
Uno de los grandes problemas de las encuestas sigue siendo la dificultad para detectar el voto oculto o el cambio de comportamiento en los últimos días de campaña. En Andalucía, los institutos demoscópicos han vuelto a encontrarse con un escenario especialmente complejo: una fuerte volatilidad en el electorado joven, el crecimiento de candidaturas menores y diferencias territoriales muy marcadas entre capitales, zonas rurales y áreas metropolitanas.
Además, muchos expertos señalan que los modelos tradicionales continúan teniendo problemas para medir correctamente la abstención. Las encuestas reflejan intención de voto, pero no siempre logran prever quién acudirá realmente a las urnas. Esa diferencia puede resultar decisiva en elecciones autonómicas donde la participación suele variar mucho según el contexto político o el desgaste de los gobiernos.
También influye el llamado “efecto cocina”, es decir, la corrección estadística que realizan las empresas demoscópicas antes de publicar sus resultados. En muchas ocasiones, las encuestas no muestran únicamente las respuestas directas de los ciudadanos, sino interpretaciones basadas en elecciones anteriores, fidelidad de voto o comportamiento histórico. Eso puede provocar desviaciones importantes cuando se producen cambios bruscos en el electorado.
En estas elecciones andaluzas, otro elemento relevante ha sido la fragmentación de la izquierda. Mientras las encuestas situaban a Por Andalucía y Adelante Andalucía en una posición relativamente estable, el reparto real del voto en algunos territorios terminó siendo más desigual de lo esperado. En municipios del sur de Cádiz, las candidaturas alternativas lograron resistir mejor que el PSOE, alterando parte de los cálculos previos.
Pese a los errores, las encuestas sí acertaron en la tendencia general: el PP volvió a ganar las elecciones andaluzas y el PSOE sufrió un nuevo retroceso histórico. Pero la distancia final entre bloques, el auge de Vox en determinadas ciudades y las diferencias territoriales han vuelto a demostrar que la demoscopia sigue lejos de ser una ciencia exacta. En política, especialmente en campañas muy polarizadas, unos pocos puntos pueden cambiar completamente la fotografía electoral.