Comienza el juicio del 'Rúa Mar'

"Que sufran lo mismo que nosotros desde hace más de cinco años"

Milagros (i), María del Mar y Rocío atienden a la prensa
Tres de las seis viudas del naufragio del pesquero relatan cómo vivieron la tragedia de enero de 2020 y denuncian ocultación de información clave que pudo costar la vida a sus maridos

Casi seis años después del naufragio del Rúa Mar, las esposas de tres de los marineros fallecidos han dado un paso al frente para relatar públicamente cómo vivieron las horas previas y posteriores a la tragedia. Milagros Figueroa, esposa de Daniel Gallego; Mari Luz Márquez, esposa de Antonio Fernández; y Rocío Muñoz, esposa de Iván Cazorla, han denunciado lo que consideran una negligencia grave por parte del armador del barco.

Las tres mujeres coincidieron en que fueron informadas de forma tardía y minimizando la situación. “Nos dijeron que había saltado la radiobaliza, pero que no era nada, que no avisáramos a nadie”, explican. No comprendían la gravedad porque, como reconocen, “no entendemos de barcos ni de radiobalizas”, y confiaron en lo que les decía el armador.

El naufragio se produjo la noche del 21 de enero de 2020, pero hasta pasadas las doce del día siguiente no supieron la magnitud del desastre. “Hasta las 12 no empezamos a avisar a nuestras familias, porque nos dijeron que no lo hiciéramos”, lamentan. Mientras tanto, ya era tarde para activar un posible rescate.

Las esposas sostienen que hubo una avería previa y que el barco podría haberse salvado si se hubiese actuado a tiempo. La situación se agravó, afirman, por la falta de respuesta inmediata del armador y por una cadena de decisiones negligentes. Según indicaron, algunas autopsias revelaron que las muertes fueron por hipotermia y no por ahogamiento, lo que refuerza la idea de que podrían haber sido rescatados.

Además, expresaron su indignación por la actitud de la pareja del armador, a la que califican de soberbia y cómplice. También recordaron que el armador tenía antecedentes por otros delitos relacionados con alijos, lo que agrava su sentimiento de impunidad.

“Llevamos cinco años y ocho meses haciendo de madre y padre. Queremos justicia, pero justicia de verdad: que cumpla toda la condena, no una parte”, declara Mari Luz Márquez. “Nuestra hija sigue en tratamiento psiquiátrico desde entonces. Queremos que sufran como sufrimos nosotros”, añade Milagros Figueroa, con la voz quebrada.

Estas declaraciones, cargadas de emoción y rabia contenida, ponen rostro al drama del Rúa Mar y a una lucha que todavía no ha terminado. Las familias, rotas por la pérdida, claman ahora por justicia real y efectiva.