La DANA junta en Algemesí a dos de los corazones "algecireños" más solidarios que existen
"Es su sueño y se ha hecho realidad". Con esta frase, Andrés Sánchez, uno de los colaboradores más directos de Pepe Pela palmeras, definía el momento en el que José Andrés, el chef reconocido mundialmente por sus dotes culinarias y su gran solidaridad, se dejaba ver por el puesto en el que, desde mediados de la pasada semana, este grupo de voluntarios algecireños da de comer a todo el que pasa por allí, ya sea perjudicado por la devastadora DANA o cualquiera que de manera desinteresada ayuda a los que peor lo están pasando.
Ha sido un encuentro muy rápido, de apenas unos minutos, pero suficientes para que dos corazones solidarios y "algecireños" hayan coincidido y se hayan unido gracias a la complicidad existente. Pepe es natural de esta ciudad y, de hecho, trabaja como sepulturero de su cementerio viejo, pero José Andrés, aunque naciera en Mieres (Asturias), es un asiduo del sur del sur, ya que su esposa, Patricia Fernández, es algecireña de nacimiento, y, cada vez que puede y sus negocios repartidos por cualquier rincón del mundo se lo permiten, no es raro encontrárselo en el histórico mercado de abastos o por cualquiera de los bares y restaurantes de la localidad. "Me encanta esta tierra", ha repetido en innumerables ocasiones.
No fue en Algeciras donde se han encontrado, ha tenido que ocurrir una desgracia como la de Valencia del pasado 29 de octubre para que dos algecireños, uno de nacimiento y el otro de adopción, se hayan encontrado personalmente, aunque ambos son de sobra conocidos por su bondad a la hora de ofrecer comida a quienes más lo necesitan.
En el encuentro de hoy, José Andrés se ha interesado por la logística que tienen en este puesto improvisado y se ha brindado a ofrecerle cualquier tipo de ayuda que necesiten. Luego, foto para el recuerdo, abrazos para insuflar ánimos a todos los que están de manera altruista ayudando en Algemesí y a seguir con la tarea, que llegaba la hora del almuerzo y hay muchos, aunque hayan pasado 12 días de la desgracia, siguen sin tener nada que llevarse a la boca.